mayo 03, 2009

Tres años después: un relato personal.

Posiblemente en estos días las rendiciones de cuentas están centradas en los mensajes del Presidente y en la discusión política de si hay logros o no los hay. Poco común es hacer una valoración devolviendo, desde la visión personal, tres años para darse cuenta de que muchas cosas se han dado y muchas cosas han cambiado desde aquel 1° de mayo del 2006.
Personalmente, hace exactamente tres años regresé de México, un poco desubicado por el cambio normal de regresar a Costa Rica luego de un año y medio de estar disfrutando de un gran país, lamentablemente muy golpeado en los últimos días por la influenza, pero esperemos que pronto sea superada esa etapa.
Regresé con nostalgia porque dejaba una familia que literalmente me adoptó, y se convirtió en mi familia mexicana hasta la fecha. Dejaba también una gran experiencia académica en el estudio de mi maestría, tan buena que hoy me tiene tentado a pensar en continuar estudiando en un futuro cercano, estudios doctorales. Pero regresaba con una gran ilusión, la de poder contribuir en que esta Costa Rica que tanto queremos pudiera salir del letargo que se encontraba, y de poder formar parte de un equipazo conducido por una amiga, colega y Jefa.
Estando en México, logré venir en dos oportunidades a Costa Rica, una en julio del 2005 y otra en febrero 2006. En esas dos visitas la sensación de tensión que lograba percibir en el ambiente nacional no dejó de preocuparme. Era evidente que Costa Rica estaba a las puertas de tomar grandes decisiones y en realidad era ese el camino: decidir. No podía Costa Rica seguir pateando la bola para adelante, como se dice popularmente, sobre importantes temas que marcarían su desarrollo. No podía Costa Rica darse el lujo de seguir postergando acciones que resolvieran grandes temas nacionales. Esa tensión quizá no la percibíamos estando en el país, pero si la percibió este tico cuando regresó a su tierra.
Estos tres años no han sido fáciles para el Presidente Arias. Pero con satisfacción debemos decir que en los dos primeros años el país tomó decisiones que permitieron que a tres años de su Gobierno las preocupaciones de la gente son otras, ya no es el TLC, ya no son las calles con huecos, ya no es la falta de conducción o liderazgo en el Gobierno, ya no son las huelgas, eso quiere decir que este Gobierno actúo y tomó decisiones, que al fin al cabo era lo que el país necesitaba.
A tres años de Gobierno, aún con estar enfrentando crisis internacionales, existe al menos la esperanza y la ilusión que el camino que estamos recorriendo tiene un horizonte diferente, donde al menos hay un sol brillando que nos llena de optimismo. Soy un convencido de que esto es así, por que como se dijo en la campaña del 2006, el barco tiene Capítán, pero además tiene brújula y sabe hacia donde debe y quiere conducir este país.
Me tocó trabajar muy fuertemente en toda la tramitación del TLC. El tico recién graduado de una maestría en el TEC de Monterrey en el 2006, hoy tres años después tiene otra visión del modelo de desarrollo. Viví desde adentro el proceso en la Asamblea Legislativa, en las comunidades exponiendo y compartiendo con la gente las oportunidades de un propuesta de desarrollo y dentro de ella cómo un acuerdo con nuestro principal socio comercial era importante. Constanté como la gente manejaba más información de la que uno podía imaginarse, y muy especialmente el interés de que nuestro país siga creciendo y se enrumbe al desarrollo, seguía siendo el anhelo.
De esa experiencia, no hay duda que profesionalmente debo sentirme muy satisfecho por lo que me tocó aprender. A golpe si se quiere, porque nunca se me olvidará la primera sesión de la Comisión de Relaciones Internacionales, nunca se me olvidará, fue traumática. Pero tampoco se me olvidará la satisfacción y alegría de recibir un resultado positivo en el referendum, de que un expediente legislativo que trabajamos de principio a fin tuviese por votación popular el respaldo y aval.
Pero además, ese proceso me llevó a encontrarme con mucha gente que vale la pena, no importa si estaban a favor o en contra, lo importante es que el equipo de asesores de la Comisión de Internacionales y equipo de apoyo técnico de las instituciones de gobierno de ese período logramos hacer una buena amistad. Y en el proceso del referendum, me llevó a involucrarme en un cantón vecino, pero en el que nunca me habría imaginado conocer de extremo a extremo, el cantón de Curridabat, y encontrarme con gente muy valiosa a quienes estimo y aprecio muchísimo.
Sin duda, aquí debo hacer un alto, por que ese proceso del referendum me llevó a encontrarme primero a un amigo, y luego a un hermano a quien nunca pensé hace tres años, tendría la oportunidad de encontrarme. No soy hijo único, pero la diferencia de edad con mi hermano mayor probablemente no me permitió disfrutar la relación de un hermano que hoy me siento muy orgulloso de tener. Entonces tres años después, tengo a mis hermanos de sangre, a mi familia mexicana que veo de vez en cuando, y un hermano del alma con quien comparto día a día proyectos e ilusiones.
Siendo así, que puedo decir que debo darle gracias a Dios. En tres años me ha dado la oportunidad de crecer profesionalmente, de aportar en la construcción de un mejor país, de compartir con amigos asesores que realmente estimo, de formar parte de un equipo con una gran líder que sabe como conducirlo, y particularmente de haber fortalecido el único bastión que en cualquier circunstancia siempre estará ahí, mi familia de sangre, mexicana y mi nuevo hermano.
Esa es parte de la realidad tres años después, falta mucho por hacer y por eso, como dijo el Presidente en su discurso del 1° de mayo, no olvidemos cómo estabamos hace tres años, cómo tocó emprender la tarea, por que nos acostumbramos a que las cosas se hicieron y o a que alguien las hace, y la verdad es que la tarea es aún grande y mejor aqui lo dejo, por que debemos seguir trabajando.

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