En mi caso debo reconocer que en mis 32 años de existencia posiblemente éste ha sido uno de los más difíciles, de los que seguramente marcaran mucho de mi aprendizaje y de mi carácter.
Celebrar mi cumpleaños con el terremoto de Cinchona posiblemente fue la premonición de lo que enfrentaría durante este año, y si hoy hiciera un recuento de los principales acontecimientos estoy seguro, que mes a mes, con fechas, horas y actores o actrices involucrados, me será posible reconstruir cada uno de los momentos que me ha tocado enfrentar.
No me atrevo a realizar un balance para decir si fue positivo o negativo el 2009, simplemente quisiera pensar que fue, que pasó, que existió y que de lo bueno y lo malo debo aprender y debo seguir.
En mi reflexión sobre el 2009, me ha parecido importante poder pensar que para poder cerrar el año, tendré la oportunidad de compartir en términos de valores y antivalores lo que aprendí, y en un segundo capítulo soñar en lo que quisiera tener para el 2010. Procuraré al máximo poner en positivo lo que durante este año ha marcado momentos difíciles, y en el segundo capítulo poner en oportunidad lo que puede resultar pesimista, quizá por que esa frase de mi Presidente al decir que un pesimista es un optimista bien informado, es una forma positiva de pensar en que otro momento es posible.
Si tuviese que hablar de lo valores negativos o que no me satisfacen debo decir que el 2009 me permitió reencontrarme con la mezquindad, la hipocresía, la irresponsabilidad, la injusticia y la deslealtad. Algunos los reviví de momentos políticos, en ocasiones que directamente me afectaron, o de forma indirecta porque afectaron a personas importantes en mi vida. Otros los viví en circunstancias familiares y algunos revivieron la evidente realidad de un ser humano que en sus 32 años de vida ha aprendido que los amigos se cuentan con el dedo de la mano y que faltan dedos para enumerar los conocidos que le rodean.
Estas realidades posiblemente me afectaron como nunca antes lo habían hecho, y puedo decirlo con la tranquilidad y la transparencia que en su momento muchos de los que posiblemente hoy me leen, también compartieron conmigo mis estados en facebook, o mis comentarios en twitter. Algunos se preocuparon, otros creyeron que era parte de un juego y hasta molestaron con ello, algunos inclusive lo vieron como una majadería que en algún momento debía resolverse.
Lo que si sucedió fue que compartí, más de la cuenta en muchas ocasiones, los momentos y estados de ánimo que he debido enfrentar, lo hice posiblemente tratando de liberar tensiones positivas o negativas, simplemente procurando hacer patente que en medio de un profesional, de un amigo, de un familiar o simplemente una persona, existen estados de ánimo en los que muchas veces son llamadas para compartir alegrías, solicitar espacios de atención para alivianar cargas y salir adelante, o simplemente recordar que detrás de una frase hay una persona que se esfuerza por aprender y crecer en diferentes momentos de la vida.
Fortalecí como valor durante este año mi sentido de la lealtad. Lo hice por convicción, pero también por decisión. Por convicción porque creo que la lealtad a un hermano, a un amigo, a un jefe, a un compañero de trabajo, encierra no solamente el ser claro y transparente con lo que se piensa y lo que se hace, sino también con la oportunidad de construir confianza y generarla para saber que pueden existir diferencias de criterio más no dobles juegos o dobles caras.
Pero lo hice también por decisión, porque diferentes situaciones me hicieron marcar espacios para tener claro y expresar con quien o quienes estaban mis lealtades, ello posiblemente me generó conflictos y es posible que me los genere en el futuro, pero al menos puedo sentir tranquilidad y paz de que a quienes gozan de mi amistad, cariño y respeto, no tendrán nunca que preocuparse de que, como decimos en política, exista un “juego de chapas” de mi parte, que por beneficio propio pueda afectar el cariño, el aprecio y lo más importante la confianza de quienes me rodean.
De igual manera, fortalecí el valor de la confianza. Tengo hoy más claro que nunca que nada es posible si existe un ambiente de desconfianza, de duda o de temor. Me vi forzado a marcar distancia de algunas personas, de dejar patente que aunque en diferentes temas uno puede tener matices de grises, en la confianza no es posible, se tiene o no se tiene, y que así como se gana también es posible perderla.
Se que la confianza encierra muchos elementos adicionales y uno de ellos es la transparencia, de decir sin temor lo que pienso y creo, y de hacerlo particularmente con quienes más se aprecia y más se quiere. Decía Mario Benedetti, que un amigo es quien le dice a uno los errores para que constructivamente sea posible crecer, y para que ello sea posible es necesario tener espacios de confianza creados.
Recordando estos dos aspectos: lealtad y confianza, debo decir posiblemente mi mayor virtud o mi mayor debilidad durante este 2009, quisiera pensar que fue lo primero. Ha sido defender con propiedad y con determinación lo que he creído y en quien he creído, esto sin duda me ha hecho distanciarme de personas con las que durante mucho tiempo compartí espacios y criterios, pero desde mi óptica me ha hecho hacer crecer la cercanía con quienes estoy convencido puedo brindarles mi mayor confianza y mi mayor respeto.
No puedo negar que siendo un año de tantos cambios y de tantas situaciones particulares, ha sido un año que cierro sin la certeza inmediata de saber si crecí, si logré dar el salto que muchas veces uno quisiera tener. Es posiblemente apresurado conocerlo, pero lo que si puedo tener la certeza es que cierro el 2009 con la capacidad y la alegría de decir GRACIAS, aunque debería hacerlo con un grupo selecto de personas, quisiera hacerlo con dos personas que particularmente son ejemplo de los dos importantes valores que me han definido el 2009.
Debo decir gracias sinceras a un hermano, que ha estado permanentemente a mi lado, que posiblemente es quien más aburrido está de escucharme y de conocer mis alegrías y mis tristezas, no lo culpo cuando posiblemente dice “otra vez el mismo cuento”, pero pese a ello se ha mantenido al lado apoyándome con humildad, con sinceridad y con mucha lealtad; puedo decir gracias también a una amiga, jefa, consejera que sin decirle lo que me pasa está enterada de todo cuanto me pasa y que con mensajes claros se ha preocupado por levantar mi ánimo, por construir mis oportunidades y por orientar cada uno de mis pasos.
En ellos encuentro representados actitudes, valores, ilusiones que quisiera marcaran el inicio del 2010, ese será mi segundo capítulo, que espero compartir en los próximos días. Sin embargo, no quisiera cerrar esta primera reflexión sin mencionar que aún en las dificultades, y pese a que muchas veces no encontraba luz al final del camino, las palabras más sabias han sido “a cada día su propio afán”, reconozco que aún no interiorizo mucho esas palabras pero que serán también una de mis grandes tareas para los días que están por venir.





